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30/07/2021. Antonella Abigaíl Orihuela, 30 años. Sant Vicenç de Castellet (Barcelona, Cataluña). El cuerpo de la mujer, calcinado, se encontró junto al de un hombre en un incendio declarado a las 3 de la madrugada en una zona de matorrales del municipio de Sant Vicenç de Castellet, bajo el viaducto de la autopista C-16, cerca Del Río Llobregat y de una masía, en la carretera que une Sant Vicenç con Pont de Vilomara. Junto al varón -vecino de Terrassa del que se desconocen más datos-, dentro de un vehículo, se encontraría también Esmeralda, una menor de 1 año y nueve meses, que habría resultado herida de quemaduras en un brazo pero sin que su vida corriera peligro, hija de la víctima y el victimario. Al parecer, una familia había visto a un varón haciendo trompos durante más de una hora antes del incendio. Cuando policía y bomberos acudieron y encontraron el cuerpo de la mujer, estos vecinos alertaron del frenético movimiento del vehículo, que en esos momentos ya estaba parado en silencio. Cuando los agentes se acercaron, encontraron allí a la pequeña de dos años junto al cadáver del hombre, con heridas de quemaduras. Las primeras investigaciones ya contemplan la hipótesis de que se trate de un caso de feminicidio seguido del suicidio del autor, que podría haberse llevado a cabo con el cinturón el propio vehículo, aunque también presentaba algunas quemaduras. La pareja se conoció en su país de origen, donde ella estudiaba para “extraccionista de sangre” mientras trabajaba en un ‘fast food’. Se casó con Adrián, analista de sistemas informáticos, con el que se instaló en Terrassa en 2016, al conseguir él trabajo en Barcelona. Aunque había tenido algún trabajo temporal anteriormente, Antonella se dedicaba a cuidar de la pequeña desde que la tuvo. En abril, un incidente doméstico hizo que la niña se arrojara agua caliente encima, hecho por el que el victimario culpó al a víctima, mientras sus familiares escuchaban a través de videollamada, que la acusaba de ser una “inútil” y una “mala madre”. La víctima les contactó preocupada por la amenaza del victimario de pedir el divorcio y solicitar la custodia de la niña. Según una amiga suya, ya había intentado llevar el caso ante los Mossos, pero no tuvo suerte. “Me han dicho que si no tengo marcas, si no tengo secuelas ni me amenaza de muerte, no pueden hacer nada”, les contaba por mensajería. En otra ocasión, tras acudir al Hospital para conseguir un parte de lesiones, una amiga la acompañó en hasta cuatro ocasiones, pero les exigían pruebas claras de marcas físicas: “La quinta vez fue en la comisaría de la Guardia Urbana de Terrassa y allí sí que nos la aceptaron, pero solo por violencia verbal”, que tenía fijada la fecha del juicio para el mes de octubre. Aunque los Mossos dicen no tener constancia de estos intentos de denuncia, se ha confirmado que existía esa denuncia previa por violencia verbal entre la pareja, que se encontraba en trámites de divorcio en el mismo Juzgado. Pocos días antes de ser asesinada, los Mossos se personaron en el domicilio al ser alertados de una pelea, pero fuentes policiales aseguran que no vieron razones para actuar de oficio. Tras dos semanas, la Delegación de Gobierno confirmó el caso oficialmente y se supo que los tíos reclamaban la tutela de la pequeña, que se encontraba en un centro de menores tutelados. “Mi sobrina está completamente sola, sin familia, en una delegación de cuidado de la infancia en Barcelona. Nosotros estamos en contacto con la psicóloga que la atiende y nos hemos reunido con el cónsul, pero nos dicen que entre todo el papeleo pueden pasar quince días o tres meses. Necesitamos estar con ella lo antes posible”, aseguraba a la prensa Ezequiel Orihuela, hermano de la víctima. Hemos clasificado el caso como feminicidio íntimo. Es cifra oficial.
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